Cerati, G. (1989). Lo que
sangra.En Doble vida. [CD]. Nueva York, Estados Unidos:Sorcerer Sound
Studios.
El aroma a caos comenzó a percibirse a partir de las cinco de la tarde, cuando
los primeros acordes de la prueba de sonido sonaron en el Centro Cultural Municipal. Faltaban cuatro
horas para el inicio del show, pero más de quinientos adolescentes llevaban
acampando desde la noche anterior. La vuelta triunfante de Rocío, una chica de
pueblo, pero con un gran talento en ebullición, convertida en estrella pop,
había generado expectativas incluso en medios informativos nacionales, quienes
habían realizado la vigilia a la par de los fanáticos.
Era la primera vez que volvía al pueblo en los últimos cinco años, luego de que el intendente de turno le negara una ayuda de ochocientos pesos para poder viajar a un Certamen musical en Buenos Aires. Viajó con ayuda de sus parientes y vecinos y el resto de la historia es conocida por todos: ganó el concurso, grabó un disco, viajó por el mundo y cantó con las más brillantes estrellas de la galaxia musical. Cuando el político que le negó la ayuda la llamó personalmente para invitarla a realizar una serie de recitales en su pueblo natal, Rocío no lo dudó ni por un instante. Se lo debía a su familia, a sus amigos y a sus vecinos, pero sobre todo a ella misma. Y a Joaquín.
—Hay tanto fraude a nuestro
alrededor —dijo Joaquín mientras miraba las últimas actualizaciones
de El informante.
—No
podés creer todo lo que dicen en esa página. Dicen que la manejan los
radicales.
—Los
radicales son nuestros vecinos, Rocío. Viven el día a día, conocen a las mismas
personas y tienen acceso a la municipalidad y al Consejo Deliberante. Dicen lo
que pasa porque no le deben nada a nadie.
—A
nadie que esté en el poder, por lo menos —agregó Rocío— Y ahora se llama
municipio, no municipalidad. Y los colores son diferentes, mirá si algún tonto
los confunde con la gestión anterior.
—Esas
son nimiedades, aunque dicen mucho de las personas. Tratan de alejarse de lo
que se fue lo más que se pueden, pero en el fondo son exactamente iguales.
—Me
estaría costando un poco entender de qué lado estás, joa.
—Del
lado de El informante, obviamente, sean quienes sean. ¿Nos damos un beso?
—Dale,
esta noche en tus sueños nos casamos si querés.
—Hay tanta cama a nuestro alrededor…
Los rayos x no penetran los oscuros vidrios de una limousine, pensaba Joaquín mientras veía la cara de su amiga en todos los portales de internet. Hacía más de un año que ni siquiera le respondía los mensajes. Al principio no le pareció extraño, ya que de por sí Rocío era bastante colgada con esas cosas. Prefería los llamados, los encuentros, o cualquier interacción que acerque lo más que se pueda a dos existencias. También entendía lo que su amiga estaba viviendo. Comenzó a verla en la televisión, en los portales de internet y en las redes sociales. Los adolescentes compartían sus fotos y videos de sus actuaciones, como si ya fuese una estrella. Joaquín comprendía que no tuviera tiempo para responderle los mensajes. Pero ¿doce meses enteros de silencio?
Jamás había estado tan nerviosa. Le había costado
acostumbrarse a las giras, los fans, las entrevistas, pero ya era algo de todos
los días. Desde el día en el que se fue había comenzado a imaginarse lo que
sería pararse sobre el escenario de su pueblo, frente a cientos de personas que
conocía desde pequeña. Sabía que tanto ahí como en cualquier lugar tenía que
dejar todo. Pero ahí sentada en ese pequeño camarín estaba paralizada. Ya
estaba peinada, maquillada y con el vestuario que abría el show. Se miraba al
espejo y no podía evitar sentirse una niña pequeña que estaba por subir por
primera vez a ese escenario a representar una obra sobre el 25 de mayo. Su
vestimenta era muy diferente a la de dama antigua que había usado aquella vez.
En la sala no había padres y docentes obligados a asistir, sino que estaba
colmada de personas que habían pagado para ir a verla. Sus músicos pasaban tras
de sí de camino al escenario. En solamente cinco minutos sucedería aquello para
lo que se había preparado durante toda su vida.
Oscuridad. Los gritos de los fans. Caminar varios metros
en penumbra mientras el cuerpo parecía electrificado. Algo que había hecho
infinidad de veces, en su pueblo natal, le pareció un martirio. Pero logró
hacerlo. Sonaron los primeros acordes de su mayor éxito y el público se vino
abajo. Literal. Las gradas del Centro Cultural construido hacía apenas diez
años se vinieron abajo por completo, abriendo un enorme cráter en donde debería
estar el público. Uno a uno, guiados por el estupor, los músicos dejaron de
tocar. Cayó el techo de la sala en cámara lenta y en silencio, mientras en el
cielo una magnifica lluvia de estrellas convertía la escena en una tragicómica escena
de película espacial.
Los guardaespaldas de Rocío avanzaban desde los costados del escenario, también en cámara lenta, gritándole que retroceda. Ella los escuchaba como si sus voces vinieran desde una pesadilla. ¿Era realmente una pesadilla soñada la noche antes del show?
Joaquín vio todo desde afuera. El desplome de las gradas,
luego el del techo. Sus ojos iban y venían de la lluvia de estrellas a la caída
en desgracia de su estrella. Sus ojos se encontraron cuando la lluvia de sangre
comenzaba a teñir el pueblo. Es amor lo
que sangra, sobre el techo en la cúpula, decía el estribillo de la canción
que quedó inconclusa. Al igual que el reencuentro, el show y todo lo que
supuestamente pasaría a partir del instante en el que el escenario se hundió,
para luego ser lapidado por el techo y la lluvia de sangre.